Era una noche fría. Estábamos en la playa, sentados en la arena.
Él comenzó a besarme, mientras yo, posaba una de mis piernas sobre las suyas. Le cogí una de sus manos, y él seguía besándome ansioso, como si no lo hubiese hecho en mucho tiempo. Mientras le tenia agarrado de una mano, le cogí la otra, sin soltar la que ya tenía. Me comencé a tumbar hacia atrás, así trayendo su cuerpo hacia el mio.
Nos encontrábamos uno encima del otro, en un momento de máxima pasión.
Él, me posaba su mano derecha sobre mi pierna, mientras noté una delicada caricia en mi mejilla.
Era real, sus ojos azules, la arena, el mar. Estaba muy segura de que no eran otra de mis fantasías.
De pronto, notaba que me quitaba la ropa, así dejándome en ropa interior. Posando mi cuerpo sobre la arena, se dio cuenta de algo. Estaba cálida en esa noche tan fría. Con una mano me agarró por la cintura, la otra me sujetaba la cabeza para que no la posase sobre la arena.
Comencé a notar como la arena me acariciaba el cuerpo, y como sus manos se deslizaban sobre mi espalda.
Besándonos, le aparté y mirándole a los ojos, le dije: - Nunca te separes de mí, ni solo un segundo. Te quiero.
Me contestó al momento y dijo: - amor, nunca lo haré.
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